Cubiertas de protección en el cultivo del arándano: La evidencia científica y la respuesta de la ingeniería
Qué nos dicen doce estudios internacionales y cómo convertir ese conocimiento en una instalación eficaz
El arándano se ha consolidado como uno de los cultivos más rentables dentro del segmento de los berries, pero también como uno de los más expuestos a las adversidades climáticas y biológicas. Las precipitaciones próximas a la cosecha, el estrés térmico, las quemaduras solares, el viento y la creciente presión de plagas como Drosophila suzukii afectan directamente al porcentaje de fruta comercializable.
En un escenario climático cada vez más inestable —caracterizado por inviernos suaves, heladas tardías, lluvias concentradas y episodios de granizo más frecuentes— la gestión de estos factores ya no es una opción, sino una condición indispensable para garantizar la continuidad productiva y la calidad de la cosecha.
Doce estudios, una misma conclusión
Una reciente revisión técnico-científica analizó doce estudios realizados entre 2015 y 2025 en ocho países productores —Chile, China, Serbia, Argentina, Sudáfrica, Canadá, España e Italia— sobre variedades ampliamente cultivadas como Duke, Brigitta, Bluecrop, Legacy, Emerald y Ventura.
A pesar de las diferencias en las condiciones climáticas, las variedades cultivadas y las técnicas de manejo, los resultados muestran una clara convergencia: las cubiertas de protección —frente a lluvia, granizo, radiación solar e insectos— generan mejoras medibles en el microclima del cultivo, la fisiología de la planta, la calidad de la fruta y el rendimiento comercial.
Del microclima al rendimiento: una cadena de beneficios
El primer efecto de las cubiertas se produce sobre el microclima. Bajo protección, la radiación solar directa se reduce entre un 10 % y un 35 %, la temperatura del fruto disminuye entre 1,5 y 3 °C, la velocidad del viento se atenúa entre un 30 % y un 60 %, y la humedad superficial del fruto —principal desencadenante de problemas como el cracking— puede reducirse entre un 70 % y un 90 %.
Este entorno más estable disminuye el estrés hídrico y térmico de las plantas, favoreciendo una actividad fisiológica más eficiente. Los estudios reportan mejoras en el estado hídrico del cultivo, incrementos de la fotosíntesis neta del 5 al 12 % y reducciones de la evapotranspiración de entre el 15 y el 25 %, contribuyendo además a una maduración más homogénea.
Los beneficios sobre la calidad de la fruta son especialmente relevantes desde el punto de vista comercial. Se observan reducciones del cracking de entre el 50 y el 80 %, disminuciones de las quemaduras solares del 35 al 60 %, incrementos de firmeza del 5 al 15 %, aumentos del calibre del fruto del 5 al 10 % y contenidos de antocianinas entre un 10 y un 20 % superiores. El resultado final es una producción comercializable entre un 10 y un 18 % mayor, con una reducción de los descartes del 20 al 30 % y una disminución de las pérdidas asociadas a la lluvia de entre el 40 y el 60 %.
En el ámbito fitosanitario, las mallas anti insectos permiten reducir prácticamente a cero los daños causados por Drosophila suzukii, disminuyendo el uso de insecticidas entre un 80 y un 100 % y reduciendo también la dependencia de tratamientos fungicidas entre un 20 y un 40 %. Menos residuos, menor consumo de agua y una reducción significativa del riesgo productivo convierten a las cubiertas en una herramienta que mejora simultáneamente la calidad, la productividad y la sostenibilidad.

De la investigación al campo: el enfoque Valente
Sin embargo, estos beneficios solo se materializan cuando el sistema de protección ha sido correctamente diseñado, dimensionado e instalado. Es aquí donde entra en juego la experiencia acumulada por Valente a lo largo de más de 60 años de actividad y más de 50.000 hectáreas de cultivos protegidos en todo el mundo.
Las cubiertas ValenteProtect© se conciben como sistemas multifuncionales, capaces de desempeñar varias funciones simultáneamente. Su elemento central es siempre una estructura certificada de alta resistencia, compuesta por postes pretensados de hormigón armado, cables de acero y sistemas de anclaje dimensionados en función de las características del terreno, diseñada para ofrecer durabilidad y resistencia frente a cargas de viento y granizo.
Para el cultivo del arándano, las soluciones se articulan en tres grandes familias, combinables entre sí según las necesidades de cada explotación:
- ValenteProtect Hail, sistema de malla antigranizo que además proporciona sombreo y protección frente al viento, reduciendo la radiación directa y el riesgo de quemaduras solares.
- ValenteProtect Rain, cubiertas impermeables tejidas, resistentes a la radiación UV, con efecto de luz difusa que favorece una maduración gradual y uniforme.
- ValenteProtect Insect, sistemas de cierre anti insectos, tanto perimetrales (Mono bloque) como de protección por hilera (Mono fila), diseñados para el control específico de Drosophila suzukii.
Gestión, flexibilidad y durabilidad
Entre las soluciones más avanzadas destacan dos sistemas especialmente valorados por los productores.
El sistema Multishield, equipado con apertura automatizada, permite cubrir las plantas únicamente cuando las condiciones lo requieren. Un solo operario puede abrir o cerrar 100 metros de fila en menos de un minuto, lo que equivale aproximadamente a 20 minutos por hectárea, permitiendo mantener el cultivo en condiciones naturales durante gran parte de la campaña.
Por su parte, el sistema Konnet, basado en medias mallas, reduce significativamente el denominado “efecto vela”, mejora la estabilidad de la estructura en zonas ventosas y facilita tanto las labores de mantenimiento como la eventual sustitución de los materiales.
Una inversión estratégica, no un coste
La evidencia científica y la experiencia de campo conducen a una misma conclusión: las cubiertas de protección no deben verse como un coste, sino como una herramienta de gestión del riesgo que mejora la estabilidad, la calidad y la rentabilidad de la producción.
La elección del sistema adecuado dependerá de factores como el clima, la variedad, el marco de plantación y los objetivos comerciales de cada explotación. Por ello, el verdadero valor no reside únicamente en los materiales empleados, sino en la capacidad de diseñar una solución específica para cada contexto productivo.
Ese es precisamente el enfoque con el que trabajamos: acompañar al productor desde la fase de diseño hasta la entrega de una instalación completa, eficiente y preparada para afrontar los desafíos de la fruticultura moderna.


















